Crítica de La ciudad de las estrellas. La La Land

(2016)
    Maribel
    Por Maribel
    7

    He hecho los deberes y ya he visto la película que está en boca de todos y bueno, vale, me ha gustado más de lo que pensaba que me iba a gustar. Soy muy reticente a la práctica tan de moda útlimamente de retomar formatos antiguos y adaptarlos al s. XXI. Hay estilos que deben quedarse en la época en la que florecieron, y cualquier intento de resurrección para mi es fallido y falto de imaginación. Es el caso de The artist, por ejemplo, en el que se quiso recuperar el cine mudo con muy poca gracia y sin ningún sentido según mi opinión. En el caso del musical, iba sugestionada pensando en que esta película jamás podría equipararse a los grandes hitos de los '50 como Cantando bajo la llluvia o Siete novias para siete hermanos, auténticos paradigmas de la grandeza del musical de todos los tiempos. Y sí, tenía razón, verdaderamente no les llega ni a la suela de los zapatos pero tengo que reconocer que el resultado final no es tan catastrófico como creía.

     

    El número inicial me hizo presagiar el más rotundo de los fracasos. Para mi no tiene ni pies ni cabeza esa escena y me recordaba machaconamente a la terrorífica El otro lado de la cama, que tiene menos gracia que un mordisco en la nariz. Esa coreografía colectiva simple y ramplona me puso los pelos de punta, aunque tengo que reconocer que el plano secuencia en el que está rodada es muy resultón y el efecto final es bastante acertado.

     

    A medida que avanza la cinta la cosa va mejorando, los números musicales empiezan a engranar un poco más y la banda sonora ayuda a crear un clima adecuado y a disfrutar de algunas escenas hasta el punto de la emoción. En algún momento me ha embargado la ilusión de volver a sentir el mismo pálpito que sentí con grandes escenas de la historia de los musicales de Hollywood. No pensaba que eso fuera a suceder pero sí, he llegado a emocionarme con los números musicales.

     

    Los protagonistas, pues bueno... a mi es que Ryan Gosling  no me gusta de ninguna de las maneras, y parece que no soy la única. Saliendo de la sala escuché a dos personas con la misma cantinela: "es que no soporto a Ryan Goslin" o "este tío no me gusta nada"... creo que es el Nicolas Cage de nuestra era, con esa cara de pan de molde impertérrita que no gesticula ni cuando se come un limón. Creo que su intervención en Drive le viene como anillo al dedo, pero debería huír de los papeles que exigen algo más que mover una ceja. Emma Stone  en cambio está mucho más creíble en su papel y resulta un soplo de aire fresco a lo largo de toda la película. La química entre los dos funciona bastante bien, como se ha comentado por todos los medios, cosa que es de agradecer en este tipo de películas ya que a veces el casting no tiene en cuenta estos pequeños detalles y las parejas resultantes dan más grima que otra cosa.

     

    Para mi el problema principal de la película es la trama en sí, que no embraga por ningún lado. No quiero hacer spoiler, así que revelaré lo mínimo para hacerme enteder y solo diré que una historia de amor como esa no puede seguir esos derroteros, cuando dos personas se aman de verdad no suceden esas cosas y a mi me ha quedado la impresión de que la historia se desarrollaba de forma ilógica y sin sentido.

     

    En cuatro días conoceremos los nominados a los Oscar 2017 (qué nervios!!!) y estoy segura de que será una de las nominadas a mejor película, pero no creo que sea difícil que existan dos o tres cintas mejores en el listado y no resulte merecedora al fin de la estatuílla (cross your fingers).

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