Crítica de Moonrise Kingdom

(2012)
    Luthor
    Por Luthor
    9

    Moonrise Kingdom empieza siendo rara. Rara en el mal sentido de la palabra. Visualmente estridente, histriónica, con una entrada wagneriana totalmente fuera de lugar que hace presagiar lo peor. En treinta segundos, Wes Anderson tiene lo que quería: tu atención y tu cara desencajada mirando el televisor.

     

    Rápidamente se desenmascara la verdad: Moonrise Kingdom es hora y media de nostalgia. Ríos, acantilados y praderas. Unos protagonistas de un mundo ajeno al nuestro que todavía no entienden el bien ni el mal. Niños con nombres olvidadizos que tienen aventuras y cometen fechorías en un lugar que, como ya hizo Anderson con el Gran Hotel Budapest, te hace creer que por narices tiene que existir escondido en algún rincón. Moonrise Kingdom son campamentos de verano y chicas a las que queríamos besar pero nunca besamos. Bill Murray, Edward Norton y Bruce Willis que no son ellos ni nada que se les parezca remotamente, pero que hacen maravillosamente de nexo entre el mundo de los niños y el mundo de los adultos.

     

    Moonrise Kingdom está también llena de metáforas, hipérboles y trampas. De ópera y de una imaginación que perdimos hace mucho tiempo ya. Quizás por ese esfuerzo continuo que requiere de buscar dentro de uno mismo cuesta un poco aguantar un final que no está a la altura de la primera parte, pero que con toda honestidad, no pretende ser más que la huella que deja una historia con introducción, nudo y desenlace en la memoria colectiva de los habitantes de una isla en la que todos hemos estado alguna vez.

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