Crítica de Terminator 2: El juicio final

(1991)
    Enrique Menéndez
    Por Enrique Menéndez
    9

    Vaya por delante que la nostalgia es una enemiga cuando se trata de ser objetivo. Pero lo voy a intentar, voy a intentar no dejarme llevar por los recuerdos, por asociar "Terminator 2 " a una época de la vida en la que todo parece más intenso. Y es que 26 años después volver a disfrutar de Arnold Schwarzenegger, como Terminator es una gozada. Volver a escuchar ese "Sayonara baby", volver a ver como le quita la ropa y la moto a unos moteros que a su lado tiemblan es una gozada, son tantas cosas...

    A todo eso hay que añadir que estamos ante la versión 3D que se ha realizado sobre la copia original. Y esta vez el 3D está muy bien aprovechado. No es como otras producciones que lo buscas desesperadamente en pantalla, aquí ya con las primeras escenas de guerra te queda claro que es una versión digna, muy digna.

    Pero olvidemos que han pasado 26 años, olvidemos lo del 3D, vayamos a la película. Vayamos a una época en la que James Cameron estaban en pleno apogeo cinematográfico. Esos 90 en los que ofreció "Mentiras Arriesgadas", "Titanic" y este "Terminator 2". Anteriormente Cameron ya había demostrado que podía hacer una secuela que fuera en relación a la primera parte más grandiosa en todos los aspectos.  Hablo de "Aliens: El regreso". Con esa demostración, es lógico pensar que la indústria del cine le diera carta blanca a nivel económico para afrontar la segunda parte de esta historia sobre cyborgs, viajes en el tiempo, Skynet... Ya sólo pensar el coste de incluir el "You could be mine" de los Guns N´Roses da para pensar. Aunque con la perspectiva que da el tiempo no sé quien salió más beneficiado de que el tema salga en la película.

    Cameron, amante de las nuevas tecnologías, nos ofreció en esta película un villano épico. Ese T 1000 al que da vida Robert Patrick (nunca podrá estar lo suficientemente agradecido a este personaje) un robot de metal líquido con la facilidad de copiar el aspecto de la gente con la que se cruza en su camino. Un villano que se convierte en la estrella de la película, con esas transformaciones, con sus "autoreparaciones" y con una mirada y una forma  de correr que ya son icónicas. Para muestra de ello el genial cameo que podemos ver en "El mundo de Wayne", seguramente uno de los cameos más celebres de la historia del cine.

    Sin efectos especiales pero mucho más guerrera que en la primera parte, Linda Hamilton vuelve como Sarah Connor en su papel más físico con diferencia. Y como la versión joven de John Connor tenemos a un Edward Furlong que desgraciadamente no ha sabido conducir una carrera cinematográfica que prometía y mucho. Un juguete roto de los muchos que la indústria del cine suele crear.

    Y todo esto para una historia adrenalítica, que no deja casi momentos para el respiro y al que incluso los discursos filosóficos sobre el futuro, sobre la raza humana le quedan bien.

    Como curiosidad diré que al salir de la sala escuché a una chica decirle a otra "yo es que la he visto demasiado violenta" y no pude evitar reírme pensando que nunca las escenas de acción han brillado tanto en la gran pantalla. Creo que la nostalgia está empezando a hablar por mi, o tal vez no, tal vez sólo soy realista al 100%.

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