Crítica de Buscando a Sugar Man

(2012)
    Enrique Menéndez
    Por Enrique Menéndez
    8

    El mundo de la música es mucho más complejo de lo que puede parecer a simple vista. Nadie tiene la fórmula para saber que funcionará o no. Que hará posible que un tema triunfe, que un músico tenga una carrera exitosa, nada puede predecir estas cosas. Quizás hoy en día sea más facil siempre que estes apoyado por una gran campaña mediática. Pero en los 70 la publicidad no era algo tan usado como hoy en día. Y algo de eso queda latente en "Buscando a Sugar Man", de eso y de las vueltas que da la vida, de como te pueden admirar donde no esperabas y como te pueden desconocer donde crees que más impacto causarías. De como la vida te ofrece aunque sea tarde el reconocimiento que merecías decadas antes. De la sencillez de las personas, esas personas que no se dejan fascinar por los flashes ni por las palmadas en la espalda. Esas personas como Sixto Rodriguez, el protagonista de este documental ganador del Oscar en el 2012.

    Un halo de misterio ya se nos presenta sólo empezar mientras en un coche suena precisamente el tema "Sugar Man" y un fan del tal Sixto Rodriguez habla de su música, de lo que se sabía de como había acabado su vida. El fan cuenta eso conduciendo por una carretera en Sudáfrica, para a continuación trasladarse la situación a Detroit. El reflejo de dicha ciudad es depresivo, y más en esos 70, a través de ciertos personajes vamos descubriendo al tal Rodriguez. Un músico que lo tenía todo para triunfar, alguien que podía hacer sombra a Bob Dylan, pero que tras dos trabajos desapareció de la escena musical con un final trágico por lo que la gente decía.

    Es lo que les comentaba algo, la calidad a veces no tiene que ver con el reconocimiento de la misma. Pero la vida es apasionante y así lo demuestra el documental cuando descubrimos que la fama que Rodriguez no obtuvo en su tierra si tenía en Sudafrica. Su música era una especie de arma, de inspiración, sus letras sobre drogas/protesta  y sexo alimentaban a una juventud que disfrutaba "clandestinamente" de su música. A modo de comparación decir que no hace muchas décadas en España teníamos una dictadura y una censura, desconozco si aquí también al igual que en Sudáfrica, se llegaba al extremo de estropear un vinilo para que no pudieran escucharse ciertas letras. La música de Rodriguez era prohibida y eso ayudaba a que fuera más deseada. Es el típico efecto que produce lo prohibido, se alimentan las ganas de tenerlo. Tras un brillante ejercicio que muestra el apartheid de la época, llegamos a un tercer acto del documental en el cual la busqueda de información sobre el tal Rodriguez (piensen que en Sudáfrica sólo sabían que era un tal Rodriguez el que cantaba y que decían que se había suicidado) y es aquí donde la magia se vuelve todavía más brillante. Sin querer hacer spoiler decirles que todo lleva a un desarrollo para nada esperado y un final totalmente sorprendente, pero a la vez merecido, para alguien que un día fué considerado un posible rival de Dylan.

    Y lo gracioso es que como espectador se ha convertido en una necesidad/deseo, tras haber escuchado el primer tema que suena sólo empezar el documental en Sudáfrica,buscar la música del tal Rodriguez y disfrutarla. De hecho mientras escribo estas líneas suena su música...

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