Crítica de Lion

(2016)
    Enrique Menéndez
    Por Enrique Menéndez
    9

    Un año mas se acercan los premios Oscar y poco a poco van llegando las candidatas a los mismos. Y en un 2017 en el que parece que la Academia (precedida por Los Globos de Oro) quiere encumbrar a "La La Land" (sus 14 nominaciones son a todas luces excesivas) uno decide acercarse al cine a ver "Lion". De acuerdo, tiene 6 nominaciones que tampoco es moco de pavo, pero no parece el gigante que es el dichoso musical donde se supone que Ryan Gosling es un grandísimo actor y la historia de amor/desamor es de lo mejor que se ha visto en años...

    Y es un error no considerar "Lion" un gigante, porque lo es y de los grandes. La historia de Saroo que se pierde siendo un niño, de sus peripecias, de como acaba adoptado por una familia australiana para acabar queriendo volver a saber de sus orígenes no es a simple vista algo demasiado novedoso. Lo novedoso, lo que se agradece es la forma en que todo eso se cuenta. Una primera parte en la cual Saroo niño las pasa canutas y huye en plena Calcuta de temas ciertamente escabrosos (abuso de menores, mafias...) todo eso con una fotografía espectacular que nos muestra la belleza/pobreza de una zona realmente aterradora si no sabes donde te metes.

    La película pega un salto de 20 años y entonces un Saroo adulto (interpretado de manera magistral por Dev Patel) acaba sacando fuera la necesidad de saber de su verdadera familía, es como si todo lo acumulado durante años en su mente acabará explotando. Genial Rooney Mara en el papel de su novia, que siempre en un segundo plano aguanta estoicamente las dudas, conflictos y destrozos morales del protagonista hasta que él se arma de valor como para dar el paso de buscar a su verdadera familía. Nicole Kidman hacía tiempo que no estaba tan creíble en la gran pantalla y se le agradece este papel (sobretodo después de verla en la gala de los Globos de Oro y pensar si realmente esa era Nicole Kidman).

    Dicha busqueda es quizás lo que flojea en la película ya que se resuelve de manera precipitada, a lo golpe de suerte y eso le resta empuje emocional a la película. No  hace falta contar el final  aunque se lo pueden imaginar. Además al estar basada en hechos reales pues no deja lugar a mucha intriga en ese aspecto.

    Estamos ante dos horas de película con una fotografía espectacular, una música que no sobra en ningún momento y un trabajo actoral muy aceptable. Todo esto ya es suficiente como para considerarla película gigante pero si le sumamos una historia basada en hechos reales muy bien llevada a la pantalla y la sensación de que su director Garth Davis no busca descaradamente los momentos demasiado sensibles para hacernos llorar de forma gratuita estamos ante la que debería ser justa vencedora en el duelo con "La La Land".

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