Crítica de I Am Not a Serial Killer

(2016)
    Enrique Menéndez
    Por Enrique Menéndez
    6

    Una de los giros de guión más interesantes que se ha podido ver en el festival de Sitges es el que ofrece "I am not a Serial Killer". La película de Billy O' Brien ofrece un punto de partida bastante interesante. ¿Qué pasaría si lo que te fascina es en lo que más temes convertirte? Eso es lo que le pasa a John un adolescente fascinado con los asesinos en serie. No ayuda a quitarse esa obsesión el hecho de que el negocio familiar sea en una funeraria preparando los cadáveres para ser enterrados. Tampoco el compartir un % elevado de rasgos comunes con asesinos en serie le hace estar más tranquilo.

    A pesar de que John lo lleva más o menos bien aunque sea objeto de la burla de los abusones del insti y que las charlas con su terapeuta menos útiles sean de todo, la cosa se complica con el principio de una serie de asesinatos en el pueblo en el que vive. Y aquí es donde para bien o para mal la película se gira.

    Porque lo que empezaba a parecer un apasionante relato sobre los instintos ocultos de un adolescente y su lucha para superarlos (a uno le viene a la cabeza los conflictos morales de Will Graham en la serie "Hannibal")  se convierte en una película con toques de cine fantástico. No me extenderé en eso para no fastidiar el factor sorpresa al lector que le de una oportunidad a esta película, pero personalmente pierde algo de fuelle. Es verdad, que esa segunda parte de la película se lleva bastante bien pero uno ha ido a verla intrigado  por el argumento inicial.

    Aún así se recomienda verla, disfrutar con la presencia en la gran pantalla de Christopher Lloyd ( ya saben Doc, el de "Regreso al Futuro") y apreciar un sentido del humor negro y una banda sonora que convierten "I am not a serial killer" en una buena opción para ir al cine.

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