Crítica de Blair Witch

(2016)
    Enrique Menéndez
    Por Enrique Menéndez
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    Eran los 90 cuando "El proyecto de la bruja de Blair" abría la veda de producciones tipo  grabaciones de vídeo. Toda una revolución para esos años. Se puede decir que gracias a esa película llegaron posteriormente una cantidad brutal de found footages (o sea supuestas grabaciones encontradas). 

    Se creó escuela pero desgraciadamente se ha abusado de esa fórmula y desgraciadamente muchos productos surgidos de esa nueva forma de hacer cine han sido literalmente una porquería. Obviando ese detalle nos vamos a centrar en esta continuación de "El proyecto de la bruja de Blair" que Adam Wingard ha ofrecido en este festival de Sitges 2016. A nivel técnico se nota que la tecnología actual supera de calle la que había hace 25 años. También se agradece que los actores de esta película defiendan sus papeles de una manera mucho más efectiva que la de los 90. 

    Pero hay cosas que desgraciadamente mejor no tocar. Sobretodo si tienes en cuenta que parte potencial del público que va a visionar esta película ya conoce la anterior. Lo que en aquella funcionaba por novedad ya no lo hace, simplemente porque la novedad no existe. Wingard intenta meter miedo al espectador pero no lo consigue. Sin tratarse de un remake no consigue nada que llame la atención, no hay tensión, no hay músculo.

    Además un detalle de la película de los 90 que dejaba al espectador encantado era ese final brusco, sin alargar nada. Y Wingard repite la fórmula,  pero después de un buen rato de carreras por la supuesta casa maldita. Si hubiera un cronómetro uno pensaría que esta viendo un puñetero escape room de esos que tan de moda están ahora. 

    Si quieren un consejo sobre si ver o no esta película del 2016 pregunténse si ya vieron la de los 90. Si la respuesta es NO pues adelante, pero si ya la vieron mejor gástense el dinero en otra cosa.

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