Crítica de Are We Not Cats

(2016)
    Enrique Menéndez
    Por Enrique Menéndez
    8

    Hay historias de amor azucaradas como "El diario de Noa", hay historias de amor mientras se van pegando tiros como "Amor a quemarropa". Hay muchas historias de amor, pero les aseguro que ninguna como la que contemplamos en "Are we not cats" de Xander Robin. Sin duda alguna una película difícil de clasificar pero que tiene amor, mucho amor. Y pelos, muchos pelos.

    En escasos 75 minutos asistimos al desastre de vida que lleva Eliezer al que interpreta Michael Patrick Nicholson. ¿Se acuerdan de la pinta de meterse de todo que tenía Norman Reedus en sus primeros papeles? Pues Michael lo supera de calle. Aquí es un perdedor en toda regla que una noche tras un trabajo inesperado conoce a Anya interpretada por la hipnotizante Chelsea Lopez. Y asistimos al amor, de la necesidad de lamerse las heridas que les ha producido la vida y nuevamente de pelos, muchos pelos. Basta con decir que Chelsea sufre la extraña adicción de comer pelos con un resultado que resulta hilarante.

    Es precisamente el uso de pelos de manera artística, lo que le da a esta película unos créditos iniciales que son una delicia. Mención especial para los secundarios que a pesar de aportar poco a nivel de historia son dignos de los mejores gags.

    En definitiva una película difícil de explicar, de esas que no dejan indiferente al público. Incluido al de Sitges que está más que acostumbrado al surrealismo. Basta con recordar "Rubber"...

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