Crítica de Blood Father

(2016)
    Enrique Menéndez
    Por Enrique Menéndez
    7

    Nunca Mel Gibson estuvo tan salvaje y tan humano a la vez como en esta "Blood Father" de Jean François Richet. Lejos quedan los tiempos de Braveheart y lejísimos los de Mad Max. A nivel actoral Gibson nos ofrece toda una colección de mátices en el que probablemente sea una de sus mejores interpretaciones. Secundado de manera brillante por Erin Moriarty en el papel de Lydia (la hija de la que hace años no tiene noticias) y con la siempre solvente presencia de William H. Macy. Destacar otros dos secundarios, uno para mal y otro para bien. Un Diego Luna que no consigue en ningún momento estar creíble como narcotraficante y un Michael Parks que como siempre ofrece algún brillante momento (aquí una interesante charla que deriva en discurso sobre la juventud actual, la perdida de identidad y valores con Lydia).

     

    Sobre Mel Gibson decir que acojona más un grito suyo que muchos de los machos que actualmente recorren nuestras pantallas con escenas que sonrojan al espectador de exageradamente fantásticas que son. De manera muy acertada la idea de "Blood Father" es ser muchísimo más que una película de acción.

     

    Destaca por otra cosas. Entre ellas por su suciedad. Las escenas de acción no son visualmente espectaculares ni coreografiadas, destacan por su realismo y Gibson las resuelve de manera brillante. No es un héroe, sólo es un padre haciendo lo que mejor sabe hacer para proteger a su hija. Porque la película, más allá de esa acción sucia, de un final previsible y de la sensación de que esto ya lo hemos visto antes aunque con muchísima menos calidad, va de padres e hijos. La película va de relaciones que se pierden, de relaciones que vuelven aunque ya no sean como uno siempre hubiera deseado y de como en el fondo todos damos lo que sea por los seres queridos.

     

     

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