Crítica de Mi gran noche

(2015)
    Enrique Menéndez
    Por Enrique Menéndez
    7

    Que el cine de Álex de la Iglesia es gamberro no es nada nuevo. Uno recuerda Perdita Durango o su obra maestra Balada triste de trompeta en las cuales es imposible no reírse ante situaciones que en manos de otro director nos producirían escalofríos. Que Álex de la Iglesia está acostumbrado a trabajar como Woody Allen, con muchas primeras espadas en sus películas, no es nada nuevo. Uno recuerda Que a la hora de rodar caos/confusión/desastres Álex de la Iglesia es un experto no es nada nuevo. Uno recuerda también que saca lo mejor de los actores/artistas que rondan por sus producciones.

     

    Por todo esto Mi gran noche es una gamberrada que se ve con la tranquilidad de no esperar nada nuevo. Porque no hace falta. Eso si, uno se sorprende ante la facilidad que tienen gente como Mario Casas y Blanca Suárez para mostrar una vis cómica, que en el caso de ella es francamente todo un filón a aprovechar. Uno no deja de quitarse el sombrero ante Jaime Ordóñez que se lleva la palma como  fan psicópata. Su cuerpo tatuado a lo Robert De Niro en El cabo del miedo es brutal y el continuo uso de letras de canciones para  expresarse es para partirse de risa.

     

    Y hablando de canciones, llegamos a Raphael. En el papel de Alphonso. Una vieja estrella que no quiere bajarse del carro. Con una primera aparición en pantalla que nos recuerda a Darth Vader y una facilidad impresionante para autoparodiarse. El y la química que desprende en pantalla en las escasos minutos que comparte con la incombustible Terele Pávez son lo mejor de esta producción del 2015.

     

    Esperamos con ganas el estreno de “El Bar” porque seguro que Álex de la Iglesia nos vuelve a ofrecer lo mismo de siempre. Pero ni falta que hace renunciar a ese cine marca de la casa.

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