Crítica de El olivo

(2016)
    Enrique Menéndez
    Por Enrique Menéndez
    8

    Esta semana llega a las pantallas El olivo, película de Icíar Bollaín. Directora que nunca ha tirado por un cine comercial, dejando a veces películas duras pero a la vez magistrales. Un buen ejemplo sería Te doy mis ojos donde el tema del maltrato se muestra sin muchos tapujos aunque sin recrearse en escenas violentas. Esta vez el tema a simple vista puede parecer muy sencillo. Una joven interpretada por una brutal Anna Castillo decide, convencida de que eso salvara a su abuelo ir a buscar el olivo que hace unos años fue vendido (a pesar de las reticencias iniciales del abuelo) y que acaba en poder de una gran empresa alemana.

     

    Tras ese punto de partida que puede invitar a pensar que no habrá mucho que ver nos encontramos con una historia sobre la falta de comunicación. Una historia sobre el paso del tiempo y la necesidad de cerrar/curar viejas heridas. En ese aspecto impresiona y mucho la relación casi nula padre-hija, de la cual es testigo el tío interpretado de manera convincente por Javier Gutiérrez. El tercer protagonista de ese viaje a Düsseldorf es un Pep Ambrós, que aligual que la protagonista tiene tremendos problemas para comunicarse, para mostrar lo que siente o deja de mostrar.

     

    En el transcurso del viaje los personajes irán mostrándonos en pequeñas pinceladas su carácter. Asistiremos al nacimiento de un amor, que simplemente no ha salido antes porque nadie ha sido capaz de ir de cara y lamentablemente volveremos a ver a un Javier Gutiérrez repitiendo tics de aquellos capítulos de la hoy lejana Los Serrano.

     

    Flojea el aspecto de que se intuye demasiado pronto que no va a tener un final plenamente feliz, aunque hay que agradecer ese toque agridulce del final. Se cierran heridas pero se llega tarde y se lamenta no haber intentado curarlas antes. 

     

    Personalmente el tema de que las grandes empresas siempre se salgan con la suya, el hecho de una crisis que dejó a mucha gente en la estacada, el hecho de tener que volver con el rabo entre las piernas (el padre en eso se ve como un personaje desgastado ante un presente que no quiso tener) no consiguen apartarnos de lo verdaderamente importante. De una historia de redención y de cuentas saldadas.

     

    Apunten a Anna Castillo para los próximos premios Goya. Su interpretación llena de matices y contención junto con la de Pep Ambrós son dignas de premios. Y lleven kleenex porque va a ser difícil que no se les escape alguna lágrima en los momentos en que los recuerdos de una infancia feliz se nos muestren. Y con esa banda sonora todavía será más fácil que nos toquen la fibra.

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