Crítica de American Psycho

(2000)
    Enrique Menéndez
    Por Enrique Menéndez
    8

    Cualquier novela de Bret Easton Ellis es todo un desafío cuando se trata de llevar a la gran pantalla. Por eso cuando se supo que American Psycho iba a convertirse en película, empezaron especulaciones de todos los tipos. Se llegó a decir en su momento que el flamante ganador de un Óscar Leonardo DiCaprio iba a conseguir el ansiado papel de Patrick Bateman. Afortunadamente  eso no sucedió. Christian Bale consiguió el que para muchos es uno de los papeles de su vida. Olvídense del Bale comercial. Olviden que se ha enfundado el traje de Batman, que ha sido hijo de Sarah Connor, ex boxeador que consigue redimirse, prodigio de los negocios y bla bla bla…

     

    Quédense con su Patrick Bateman y también con su Trevor Reznik de El maquinista. Quedense con ese ya lejano año 2000 en el que Mary Harron nos regaló la versión cinematográfica de American Psycho

     

    Con esta película pasa una cosa muy curiosa. Y es que lamentas profundamente haber leído el libro anteriormente. Recuerdo haber ido a verla un día tras trabajar pensando en qué demonios me iba a encontrar. Recordaba la anterior lectura de la novela y acabar agotado con lo explícitos y agotadoras que resultaban los trozos dedicados a hablar de marcas, música, productos varios, sexo y violencia. Porque Bret Easton Ellis se desnuda por igual para hablar de Whitney Houston  que para contarte una tortura en la que se utiliza una rata.

     

    Y lo que nos encontramos es con una adaptación muy inteligente de la novela. Con un Christian Bale en estado de gracia y la presencia entre otros de Justin Theroux y Jared Leto, asistimos a una divertida película. Lo que en el libro resulta incómodo aquí arranca las carcajadas. Se nos ahorran las escenas escabrosas, mostrando lo mínimo y se apuesta por mostrar situaciones surrealistas . Impagables por cómicas las secuencias  en las que suenan  “Hip to be square” y “The greatest love of all” respectivamente.

     

    Aunque los lectores del libro coincidirán que la escena que mejor refleja la esencia del libro es la de las tarjetas de presentación. Es como un concurso de egos y está brillantemente llevada a la gran pantalla. Mary Harron nos ofrece una gran película con una más que acertada banda sonora. Háganse un favor y quédense disfrutando de ese “Something in the air” que suena en los créditos finales.

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